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Las cucurbitáceas: 5 consejos para cultivarlas de la mejor manera posible

Calabaza, calabacín, sandía, melón y pepino: esta es la familia de las cucurbitáceas, que llena alegremente los huertos de verano, deleita a las abejas con un derroche de vistosas flores amarillas y nos regala frutos en abundancia.

Las cucurbitáceas son, además, plantas bastante fáciles de cultivar: con unos pocos cuidados y un poco de suerte, incluso los menos expertos pueden obtener cosechas satisfactorias. Sin embargo, para que las cosechas dependan menos de la suerte y sean más seguras, ponemos en práctica los cinco consejos que se describen a continuación, útiles en las distintas etapas y fases del cultivo.

Preparar el terreno de forma eficaz

Para iniciar el cultivo de cucurbitáceas siempre se necesita una cierta superficie, ya que son plantas que ocupan mucho espacio. Por lo tanto, quien puede, suele evitar trabajar toda la tierra a mano y la prepara con maquinaria.

Los motocultores de Bertolini son muy eficaces para el laboreo del terreno y se ofrecen en varios modelos según las necesidades: los modelos 350, 400 y 401 S para uso particular, con sus respectivos accesorios; los modelos 405 S, 407 S, 413 S para uso intensivo y sus accesorios, y, por último, los modelos 417 S y 418 S para uso profesional, siempre con la gama de accesorios necesarios para las diversas operaciones de cultivo.

Las superficies pequeñas, por el contrario, también se pueden trabajar a mano con una pala (o una horquilla), una azada y un rastrillo. Lo importante es remover la tierra en profundidad y garantizar un buen drenaje para las plantas.

Siembra y trasplante: técnicas y distancias

Para iniciar el cultivo de calabazas, melones y otras hortalizas similares, muchos siguen recurriendo a la siembra directa, lo que significa colocar las semillas de estas hortalizas directamente en el suelo, en el huerto. De esta forma, las plántulas enraizan sin duda mejor que las trasplantadas, que, por el contrario, sufren el estrés del trasplante, en mayor o menor medida. Sin embargo, con la siembra directa, los cultivos ocupan el terreno durante más tiempo que con la técnica del trasplante. Por ejemplo, si se quieren cultivar calabacines, una cosa es trasplantar plántulas ya desarrolladas a mediados de abril y otra muy distinta es sembrarlas en el huerto a finales de marzo o principios de abril. En el primer caso, el terreno se puede aprovechar más fácilmente para una lechuga de hoja, por ejemplo, que se siembra a finales de febrero y se cosecha justo antes del trasplante de los calabacines.

Antes de proceder con los trasplantes, calculamos cuántas plántulas necesitamos en función del espacio disponible y de las necesidades de cada especie. Estas son las distancias mínimas de trasplante entre cada plántula:

  • Calabacines de 80-90 cm.
  • Calabazas, sandías y melones: 1 metro y 2 metros entre hileras.
  • Pepinos: 50 cm si se cultivan en vertical sobre una malla; de lo contrario, 1 m x 2 m para el cultivo en tierra.

Las plántulas deben trasplantarse enterrándolas hasta el cuello, sin aplastar el cepellón, sino presionando suavemente tras cubrir el hoyo. En caso de que las raíces estén demasiado apretadas y enredadas —algo habitual cuando las plántulas han permanecido demasiado tiempo en el vivero—, resulta muy útil separarlas ligeramente en la parte inferior para estimular su crecimiento una vez en el suelo.

Errores comunes

Uno de los errores más comunes es, sin duda, subestimar el acolchado, que, por el contrario, puede marcar una gran diferencia. Las plantas de las cucurbitáceas tienen un porte rastrero, lo que dificulta el escardado y el laboreo entre las hileras. El resultado es que entre las plantas sin mantillo crece mucha hierba realmente difícil de controlar, con el riesgo de perder buena parte de los frutos, que quedan sumergidos y se pudren debido a la humedad que se forma entre el follaje.

Por lo tanto, es necesario preparar un buen acolchado desde el momento del trasplante, extendiendo y fijando bien las láminas negras o colocando capas gruesas de paja o heno. De este modo, las plantas no tendrán que competir con las malas hierbas y los frutos crecerán bien visibles, expuestos al sol y sin estar en contacto con el suelo.

Gestionar adecuadamente el riego y la fertilización

Las cucurbitáceas necesitan suelos fértiles y bien drenados, y tienen grandes necesidades hídricas. Sobra decir que el riego y la fertilización son prácticas fundamentales.

El riego debe realizarse con regularidad durante toda la temporada. Cuando las plántulas son pequeñas, sus raíces también lo son, por lo que es fundamental regarlas a menudo. Posteriormente, el agua también es necesaria para que los frutos se desarrollen correctamente.

Entre los errores más frecuentes cabe destacar el riego excesivo, que da lugar a frutos insípidos en el caso de las sandías y los melones, y también a que estos se agrieten.

En cuanto al abono, además del clásico estiércol, purín o compost que se aplica al trasplantar, es muy recomendable regar de vez en cuando las plantas con vinaza líquida o macerado de consuelda, para aportar potasio adicional, un nutriente que ayuda a potenciar el sabor dulce de los frutos.

Prevenir los problemas

Las plantas de la familia de las cucurbitáceas suelen sufrir algunos problemas típicos, por lo que resulta muy útil aprender a prevenirlos desde el principio. Como reglas básicas, recordemos mantener las plantas limpias de hierba y hojas secas o amarillas, para que respiren mejor; rociemos regularmente con decocciones de cola de caballo o harina de roca, que tienen un efecto fortalecedor y preventivo general; no reguemos con chorro de agua.

Veamos los principales problemas que pueden surgir:

  • Oídio: cuando las plantas se cubren de manchas blanquecinas de textura harinosa y polvorienta que se extienden progresivamente hasta afectar también a los frutos. A diferencia de otros hongos, este se desarrolla especialmente en climas frescos y sin lluvias.
  • Peronospora: enfermedad fúngica que se manifiesta en forma de manchas amarillentas en las hojas y moho en la parte inferior de estas;
  • Áfidos: insectos que aparecen en densas colonias y chupan la savia de los órganos afectados. Se pueden eliminar con tratamientos a base de jabón blando.
  • Enfermedades vasculares como la fusariosis y la verticilosis. Para prevenirlas, es recomendable aplicar al suelo productos a base de hongos antagonistas, como el Trichoderma.
  • Las enfermedades víricas, que se manifiestan en forma de deformaciones en las plantas, enanismo y decoloraciones en forma de mosaico. Las plantas que presenten estos síntomas deben retirarse inmediatamente del huerto.
  • Bacteriosis, visible en forma de manchas translúcidas, que también aparecen en los frutos.

Cosecha: cómo reconocer cuándo maduran los frutos

El momento adecuado para recolectar las cucurbitáceas varía según la especie, por lo que a continuación veremos las diferentes técnicas:

  • Pepinos y calabacines: en las primeras etapas tras el trasplante, conviene retirar los primeros frutos, aún pequeños, para que las plantas dispongan de recursos para seguir creciendo. Cuando las plantas entran en plena producción, los frutos deben recolectarse casi a diario, en su tamaño óptimo. Las variedades de fruto oscuro son las más difíciles de manejar, ya que a menudo los frutos se camuflan entre el follaje: hay que buscarlos bien. Al recolectar los calabacines, es importante llevar guantes y mangas largas para evitar arañazos en la piel causados por los tallos, que son un poco espinosos e irritantes;
  • Calabazas: el pedúnculo del fruto, una vez maduro, debe estar bien seco y presentar un color amarillo pajizo.
  • Melones: los frutos desprenden aroma, la parte inferior de la piel se vuelve amarillenta y, al presionar con un dedo el extremo del fruto, se nota que cede ligeramente (¡pero cuidado, no hay que presionar demasiado!).
  • Sandías: son quizás las frutas más difíciles de reconocer como maduras dentro de esta familia. Los trucos más utilizados son: observar el cirro, ese «rizado» en el extremo de la fruta, que debe estar seco cuando está madura; fijarse en la desaparición de la pruina, ese velo de polvo blanco presente en las frutas aún verdes; y escuchar el sonido al golpear la fruta: debe ser un sonido sordo y no hueco.

En las grandes superficies se obtienen cosechas abundantes, aunque también son bastante pesadas y voluminosas. Para transportarlas desde el campo, nos resulta de gran ayuda una carretilla motorizada como las de Bertolini: el modelo para uso doméstico BTR 340, el de uso intensivo BTR 450 y los de uso profesional BTR 550, y 1750 D.

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